Un mundo “utópico”

Debo ser una de las pocas personas que cree que hoy en día no solo se puede competir en precio.  Afortunadamente he visto que no estoy solo. Recientemente he tenido el placer de escuchar las reflexiones de dos profesores de dos prestigiosas escuelas de negocios sobre el proceso de compra en el sector seguros.  Según ellos cada vez más las decisiones de contratación de seguros se toman en base a criterios que podríamos denominar de “comodidad personal” y no de precio. Una “comodidad” que me hizo pensar en mi pasado en el mundo del software de gestión y que para mi tiene ciertos paralelismos con el sector de la mediación de seguros.

Antes de aterrizar en el mundo de la mediación de seguros pasé una buena temporada en el sector del software. La empresa en la que trabajé desarrollaba un software de gestión de recursos y planificación, lo que se conoce como un ERP, enterprise resource planning. Para quien no lo sepa estos sistemas involucran desde la gestión comercial, pasando por la planificación de producción, el control de stocks, compra de materia prima y/o la gestión contable y financiera. Algunos de nuestros clientes solo adquirían una parte de este software, en la mayoría de los casos la planificación de la producción (el core business), pero lo habitual era que compraran el paquete completo. En cualquier caso el software era solo una parte del paquete ya que todo proyecto llevaba asociada una carga importante de servicios profesionales de consultoría y posterior  implantación.

Como responsable del canal de distribución tenía muchas reuniones de planificación de ventas y recuerdo que en las primeras, cuando discutíamos presupuestos y objetivos hubo una cosa que me chocó enormemente. Un segmento del mercado era inatacable por muy bueno que fuera nuestro sistema y competitiva nuestra oferta. Existe una empresa, SAP, cuyo posicionamiento, al contrario del low cost imperante hoy en día, es el del software más caro de todos y por tanto el considerado de mayor calidad. No me pregunten si fue antes el huevo o la gallina, porque no lo sé. No sé si su software era mucho mejor que el de la competencia y por tanto pudieron ir elevando márgenes, o bien si se posicionaron directamente en el high cost como estrategia para diferenciarse de los demás. El hecho es que en el imaginario de todos los posibles clientes se asocia directamente a esta empresa con la mejor. Sus números de hoy en día la siguen mostrando como la líder y ganadora en la batalla por el mercado.

Esta asociación de ideas entre más cara y mejor es clave para entender el éxito de SAP. Las personas que han de tomar una decisión que afecta a los sistemas de información y gestión de una empresa (cambiar el programa de informática) saben van a encontrarse con problemas, si o si. Los usuarios dirán que “el sistema anterior era mejor”  y que “el nuevo falla”. Supongo que más de uno se habrá encontrado con esa situación con lo que sabrán de qué estoy hablando. Curiosamente el hecho que se sepa por anticipado que un cambio de sistema va a generar problemas es lo que a la postre, según la opinión generalizada de la competencia,  ha decantado la balanza a favor de SAP.

En las grandes empresas (como en las medianas y pequeñas) los responsables de tomar la decisión, saben que más tarde o más temprano aparecerán incidencias. Para evitar ser señalados como los generadores de esa situación, cargar con la ira y sobre todo con la responsabilidad de la decisión, su elección es sencilla, escoger el considerado mejor de todos (también el más caro). Su decisión de compra (y estamos hablando de proyectos  de muchos ceros) no es una cuestión de precio sino de seguridad.  Seguridad y confianza en que el mejor es el que menos problemas va a generar en su implantación y en que los profesionales que están detrás de ese proyecto son los más preparados. Y también, porque no decirlo, seguridad en que no le achacarán a su “tacañería” los problemas en la puesta en marcha.

Esta misma situación ¿se puede trasladar al sector asegurador? Con total seguridad toda empresa tendrá en el transcurso de un año algún siniestro, una avería, un robo, daños eléctricos, incendios,… es decir aparecerán problemas como ocurre en el caso del software. Y es precisamente esta certeza de que más tarde o más temprano tendrán un siniestro, lo que hace que las tesis de estos dos expertos tomen más fuerza: la decisión de compra se basa en criterios de seguridad más que en precio. Aunque los clientes presionen para bajar las primas lo que realmente buscan, y acaba decantando la balanza, es la seguridad en que cuando ocurra un siniestro no se verán envueltos en un maremágnum burocrático. La confianza en que llegado el momento se les indemnizará de forma rápida y justa.  En definitiva, el convencimiento de que la oferta presentada por un mediador de seguros es la más adecuada para cubrir sus riesgos y que llegado el momento éste le defenderá de forma profesional.

Además, contrariamente a lo que podríamos pensar, esta creciente búsqueda de la oferta con más ‘garantías’ se ve reforzada en épocas de crisis. Hoy en día nadie tiene su puesto de trabajo asegurado y las consecuencias de una mala gestión en la resolución de un siniestro pueden ser nefastas para quien ha tomado la decisión. Porque no debemos olvidar que si se rechaza un siniestro porque no está cubierto en póliza (por una reducción de capitales para abaratarla, por ejemplo) aun siendo lícito y justo, el responsable pasará a ser quien ha tomado esa decisión de contratación. Y  seguro que alguien le achacará que el riesgo incurrido contratando la solución más económica ha sido demasiado alto.

Sé que esta reflexión va a encontrar muchos detractores y que la mayoría de los mediadores de seguros contra argumentarán que el mercado va justamente en la dirección contraria, hacia una competencia absoluta en precios. Pero hay especialistas que piensan diferente y mi experiencia en el sector del software así lo corrobora. Simplemente quiero fantasear sobre la “utópica” existencia de un segmento de mercado donde la oferta ganadora no es la de precio más bajo sino aquella que se posiciona como de alta calidad aunque implique un mayor precio. Una oferta que al igual que en el sector del software  el componente producto (también intangible por cierto) puede ir acompañado de una oferta de servicios de alto valor añadido. Una oferta que aprovecha el dilema del cliente para desmarcarse de la competencia y posicionarse al más alto nivel convirtiéndose automáticamente  en una “solución cómoda” para el cliente.

Existe la posibilidad de pensar diferente y buscar paralelismos en otros sectores que nos pueden dar alternativas interesantes de cara al futuro más allá de la guerra de precios y el canibalismo autodestructivo.

Articulo publicado en la revista Mediario num. 141

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A vueltas con el ‘Low Cost’

No hay semana que pase sin una noticia escandalosa sobre la compañía RyanAir y su inefable consejero delegado michael o’leary.

Hace unos días saltaba a primera página de todos los medios tras mofarse de los empleados de Spanair que acababan de perder su trabajo. La burla hacia los trabajadores tiene mayor trascendencia porque esta pérdida de trabajo está motivada entre otras causas por la demanda que esta compañía había impuesto ante las autoridades europeas del transporte denunciando un trato de favor de la administración con SpanAir y que impidió su venta y reflote. Evidentemente tuvo que salir escoltado por la ertaintza para evitar males mayores.

A finales de enero volvía a las portadas al comunicar que si las autoridades aeronáuticas daban el visto bueno a volar de pie su compañía tardaría solo una semana en tener sus aviones operativos con asientos como los de la barra de un bar, eso sí, ‘solo’ para los vuelos de una duración inferior a 90 minutos. Mientras tanto sigue esperando una respuesta de la susodicha autoridad a su propuesta de cobrar por utilizar el baño en el avión.

Hoy leo la noticia de la supresión forzada de una campaña publicitaria que supone ‘un nuevo capítulo en su historial de escándalos’ donde se exhibe a azafatas en ropa interior y en una actitud sugerente como si de un burdo anuncio de contactos se tratara. Tal como esperaban el retorno de esta campaña ha sido doble, la campaña en sí y, en mayor medida, el esperado revuelo mediático (yo me he enterado por la polémica generada en la red y no por el anuncio publicado en The Sun).

En estos tres casos el mensaje publicitario ya sea de forma directa o indirecta es siempre el mismo: vuelos baratos, muy baratos. Y con este mensaje repetido hasta la saciedad, RyanAir se ha consolidado como la aerolínea con más crecimiento en transporte de pasajeros y un ejemplo de negocio que se estudia en las más prestigiosas escuelas de negocios.

No parece pues que a los pasajeros les moleste volar en una aerolínea con un consejero delegado que recuerda a un bufón maleducado, con una política de low cost llevada al extremo y a la que no le importa utilizar a sus azafatas como escaparate puramente carnal. Tal como comenté en los artículos sobre Ikea o el modelo de telefonía queda claro que de forma generalizada el criterio del precio cada vez más bajo se impone sobre cualquier otra característica. Y mientras eso siga así, que no nos extrañe que por escandaloso que parezca veamos en el futuro a michael o’leary  aparecer con el cartelito del precio en una mano y un cadáver (embalsamado) en la otra para anunciar una nueva ruta a Egipto.

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Decisiones polémicas

Una de las muchas cosas que aprendí del profesor Ariño en sus clases es que no se puede juzgar la decisión de una persona en función de una información que no estaba disponible en el momento de tomar la decisión. Aprovechando que hoy, como cada jueves, publica un nuevo post en su blog de toma de decisiones, aportaré mi modesto grano de arena al tema reflexionando sobre la gestión del temporal de frio y nieve de la pasada semana por parte del Govern de la Generalitat.

Han sido muchas las voces que han criticado el exceso de previsión del Govern que decidió, entre otras medidas, suspender la actividad de los colegios por la tarde. Recordemos, no obstante, que la información de la que se disponía en ese momento era la que proyectaban los mapas meteorológicos con la ola de frío más intensa de los últimos treinta años y altas probabilidades de nevadas a nivel de la costa, de hasta un 90%. Cabe también recordar que las consecuencias de una nevada de esa magnitud en Barcelona provocaron, hace menos de dos años, el caos más absoluto y la desesperación y angustia de muchísimas personas.

Así pues tenemos un Govern que ha de tomar una decisión:

A) Si no actúa de forma preventiva y nieva (un 90% de probabilidades) tenemos el ‘Armagedón circulatorio’ (y eso sin tener en cuenta otras consecuencias como la feliz ocurrencia que tuvo la Guardia Urbana en 2010 de multar al día siguiente a los coches mal aparcados), si por el contrario no nieva pues todos tan contentos.

B) Si en cambio, que actúa de forma preventiva (como hizo) y nieva,  al menos buena parte de la población no se verá afectada (incuso podrán salir a jugar en la nieve en una bonita postal para el recuerdo, ojo a la demagogia ;-)), si no nieva se habrá obligado a las familias a un encaje logístico de urgencia para recoger a los niños en las escuelas (y la consecuente pérdida de horas productivas).

Creo evidente que  ante este escenario el Govern decidió y actuó correctamente. Las terribles consecuencias de no actuar (frescas en la memoria de todos) superaban de largo los males provocados por los inevitables problemas logísticos del cambio forzado de los horarios escolares. Y pese a este sencillo razonamiento hubo bastantes voces críticas con la actuación. Esta lección nos demuestra que mucha gente sigue cayendo en el error de juzgar teniendo en cuenta información que el decisor no podía tener en ese momento, lo que popularmente se entiende como a toro pasado.

Este error tan frecuente a la hora de juzgar una decisión es consecuencia de que muchas veces juzgamos una decisión no por como se ha tomado sino tan solo en función de su resultado. Y ésta es precisamente otra de las lecciones que aprendí del profesor Ariño: una buena decisión no es siempre sinónimo de buenos resultados porque, como en todo, en esta vida también existe la mala suerte (o la buena según como se mire).

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LinkedIn y los “cazacontactos”

Estoy empezando a estar un poco harto de recibir invitaciones de LinkedIn de personas que no conozco de nada y que quieren añadirme a su red. No hay día que no reciba un mail en el que tal o cual persona me invitan a conectarme cuando es un perfecto desconocido/a para mí. Ya sé que LinkedIn es una red de contactos profesionales dónde prima la capacidad de crear nuevas relaciones dentro y fuera de tu sector profesional para crear o explorar nuevas vías de de negocio, buscar consejos o ayuda profesional,… Pero desde hace ya bastante tiempo esta red empieza a estar un poco corrompida por los “cazadores de contactos”.

Con esta queja no estoy diciendo que no quiera recibir nuevos contactos, claro que no. Tengo cerca de 450 contactos en LinkedIn y ojalá tuviera más. Pero quiero que mi red sea una red de calidad. No tengo ningún interés en conectar con gente a la que no conozco personalmente, o con quien apenas tengo relación, y que al intentar contactar conmigo no se toman la molestia ni de redactar aunque sean dos simples líneas de cortesía. Las ventajas de una red digital de contactos respecto a una tradicional son la rapidez y transparencia, pero eso no está reñido con la buena educación.

Pero ya no es solo una cuestión de modales, es un tema de imagen. ¿Qué imagen da quien quiere darse a conocer profesionalmente y no dedica ni un minuto a redactar una simple frase de presentación? Porque no olvidemos que la mayoría de estas invitaciones esconden un interés implícito por vender sus servicios o productos ¿Es esta su forma de atraer a nuevos clientes? ¿Será esta falta de educación su comportamiento natural si decido colaborar con esta persona? Yo ya he empezado a ignorar estas solicitudes del mismo modo que ignoro los molestos spams que intentan vender Viagra y imagino que no seré el único. Empecé aceptándolos, un poco por educación, e imagino que muchos siguen actuando así y como yo en su momento no los rechazaron, pero tampoco confían en ellos. Así que invito a estos “cazacontactos” a que hagan un balance de la calidad de la red que consiguen lanzando solicitudes de contacto indiscriminadamente. Seguro que no quedarán satisfechos de sus resultados.

Por otro lado, entiendo que amigos míos o conocidos con los que he compartido una reunión hace unas horas o días no pierdan tiempo y enlacen directamente. Ya sé quiénes son y no necesitaría nada más para aceptarlos que una simple insinuación, faltaría más! Aunque incluso a éstos también me gusta enviarles un mensaje personalizado, ya sea al invitar o al aceptar. Aunque no siempre lo reconozco, mis disculpas a los “olvidados” pero a veces erróneamente quiero que prime la velocidad de respuesta por encima de la calidad de la misma (prometo corregirlo).

En vista que mi red de contactos se va a estancar en los 445, y que me voy a convertir en el gruñón cascarrabias de LinkedIn, os deseo unas felices fiestas y un próspero 2013 (y siguientes ;-)).

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Back to school

El jueves pasado volví a IESE. Nos habían citado a unos pocos compañeros de mi promoción que tendremos el placer de ser monitores de los nuevos alumnos de una de las promociones del 2012. Ser monitor no es más que una variante “business school” de la figura que en algunos centros de primaria llaman hermano mayor (o algo por el estilo) al que se le pide que ayude a los nuevos alumnos en su recién estrenada etapa estudiantil. Esta designación que para mi es un honor es el colofón perfecto a mi programa de estudios y además me permite conectar con una nueva promoción.

El objetivo de la reunión era darnos las instrucciones sobre como ser mejor  ayuda a los nuevos alumnos de cara al reto que les aguarda durante los próximos 7 meses. Nuestra principal tarea como monitor será dirigir cada uno a un grupo  diferente de la nueva promoción a adaptarse al ritmo de estudio y de trabajo que exige el PDD. Los acompañaremos durante un mes en algunas de sus sesiones de trabajo en grupo previas a la exposición de los casos de forma que puedan exprimir hasta la última gota de esos escasos 30 minutos asignados a cada caso.

Pienso ayudarles en todo lo posible y pienso empezar ahora mismo compartiendo el trabajo de un compañero de mi promoción, Pere Escobar, que durante todo el año estuvo contabilizando y publicando en un blog las horas dedicadas a cada caso, llevando un control estadístico muy estricto y sobretodo muy interesante sobre la dedicación que te exige el PDD. La verdad es que no se si os va a ayudar o a asustar, pero si alguien tuvo tiempo de trabajar, estar con la familia, hacer los casos y llevar un blog (y con Pere ya somos dos ;-)) vosotros también podréis.

Muchos ánimos a todos los que vayáis a empezar un programa como éste y sobretodo muchas felicidades por la decisión.

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¿Soñador o emprendedor?

Recuerdo una viñeta que leí cuando yo era muy pequeño de Charlie Brown donde Lucy Van Pelt ofrecía sus consejos psiquiátricos por solo 5 centimos de dolar a quien tuviese el valor de escuchar sus ácidas opiniones (como si de un precursor de Risto Mejide se tratase). En uno de los capítulos Charlie accedía a su consulta con la intención de mejorar su perenne inseguridad. Lucy le atendía preguntando que prefería ¿los amaneceres o los atardeceres? ya que según su teoría el mundo se dividía entre los que preferían lo uno o lo otro. El bueno de Charlie Brown respondía (no sin cierta duda) que los atardeceres. La gracia de la historia es que a partir de aquí la psiquiatra Lucy empezaba a atacar a todos aquellos que preferían el atardecer por ser unos perdedores, soñadores que están siempre pensando en el pasado, mientras ella defendía a los emprendedores que preferían los amaneceres (dejando a Charlie más decaido que a su llegada y con el bolsillo vacío).

No tengo ni idea si alguna prestigiosa universidad ha decidido respaldar las teorías de la corrosiva niña ideada por Charles M. Schulz pero en cierta manera tiene su lógica. Aquellos que madrugan para ver un amanecer atacan el día antes que este nazca. Tienen la fuerza de voluntad de levantarse justo en ese momento que mejor duermes para disfrutar de un espectaculo que te carga de energía para el resto del día.

Me ha venido esta idea a la cabeza mientras revisaba unas fotos tomadas con mi iPhone mientras mi hijo empezaba a reclamar su dosis diaria de biberón matutino. He decidido compartirlas con todos vosotros porque como el pobre Charlie Brown estamos todos un poco faltos de consejos y opiniones optimistas, y quiero pensar que ver unos pocos amaneceres nos van a ayudar a ‘atacar’ este 2012 como si del mejor año de nuestra vida se tratara.

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Los números de 2011

Empiezo el año con un resumen de la actividad de mi blog durante el año 2011. Gracias a todos los lectores, a los que habéis hecho algún comentario, a quien se ha atrevido a colaborar y a las personas que me han ayudado durante todo este tiempo con sus críticas a mejorar el contenido de este blog.

Muchas gracias y espero veros también durante todo el 2012

Aqui es un extracto

Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 6.800 veces en 2011. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 6 viajes transportar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

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Felices fiestas a todos

Independientemente de su simbolismo cristiano la Navidad tiene algo muy especial. Allá por donde vas la gente transmite sus mejores deseos a todo el mundo. Algunos utilizan sistemas de gran difusión como los mails, aunque un poco impersonales, mientras que otros aprovechan para contactar personalmente con seres queridos y charlar un rato con la excusa de desearle unas felices fiestas. La cuestión es que todo el mundo parece estar contento y querer que el resto también lo esté.

A mi me encanta esta época, me gusta callejear buscando un regalo especial para alguien, me gusta que las casas, oficinas y calles estén engalanadas, me gusta que la gente sea más amable con los críos que van siempre con la boca abierta de asombro, … en definitiva me gusta el espíritu navideño.

Seguramente habréis recibido multitud de mails y whatsApps (incluso algún SMS de algún despistado) con textos, fotos y canciones que van desde el chiste con segundas hasta la sobredosis de almíbar bonísima. Yo también quería buscar algo original para regalaros, algo raro que no hubierais recibido ya antes por triplicado, pero es muy difícil.

Finalmente voy hacer caso del anuncio que está triunfando estos días (quien no sepa que me estoy refiriendo al de Campofrío debería volver de la luna ya) y voy a volver a los clásicos. Así que quiero compartir un fragmento de un programa de Gomaespuma que cada año recuerdo cuando se acercan estas fechas. A mi me parece memorable y no me canso nunca de escucharlo, así que espero que también os guste a todos vosotros.

Y volviendo al principio de este post quiero aprovechar (este medio que es al mismo tiempo poco y muy personal) para desearos a todos unas muy felices fiestas y que podamos sobrevivir el 2012 con mayor solvencia que este casi agotado 2011. Pero sobretodo deseo que no os falte ni salud (ni a vuestros seres queridos) ni amistad de todos aquellos que realmente os importan.

Petons y abraçades per tothom.

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Navidades en IKEA

La semana pasada tuve la gran suerte de poder pasar un agradable día de fiesta encerrado en IKEA. Para (el marciano) que desconoce que es IKEA, le podría explicar que es un lugar de un universo paralelo dónde familias enteras se desplazan a un almacén situado en el extrarradio de una gran ciudad a comprar cualquier mueble y/o utensilio susceptible de encontrar en un hogar.

Este día que yo fui, las hordas de clientes que circulaban como almas en pena entre multitud de muebles de repente revivían como despertando de un trance al llegar a un expositor (descomunal) donde se vendían poinsettias a 2 €. La gente las cogía de dos en dos sin pensar. Daba igual para quien fuera la planta, la cuestión era comprar el máximo posible antes que se acabaran ya que … ¡¡solo valen 2 euros!!

Si llegados a este punto alguien no sabe que es una poinsettia, le explico que es una planta con hojas de color rojo que tradicionalmente se regala a un ser querido por las fechas navideñas con la intención de desearle suerte. Mi familia la ha comprado siempre en mercados navideños, junto con el abeto, adornos navideños y figuras de pesebre.

A mí me encanta pasear cada año por las ferias de Santa Llúcia en las diferentes ciudades para imbuirme del espíritu navideño. Pero los feriantes no viven de nuestras sonrisas (especialmente al ver que sus poinsettias son más caras que las que hemos comprado en IKEA minutos antes). Como todo el mundo, esperan que lo que han pagado para poder poner un puesto revierta en unas ventas que hagan que sea rentable volver el año que viene. Pero, en cambio, lo que ven es gente que en vez de comprarles un “caganer” para el pesebre, solo ‘pasean un rato’ eso sí, con las bolsas llenas de baratijas de un chino.

Mucho me temo que o bien empezamos a cambiar nuestra mentalidad low cost (de la que ya he hablado en otros post) o las tradiciones quedarán como meros recuerdos del pasado. Si seguimos comprando los productos navideños en IKEA (o similares) que a nadie le extrañe, si de aquí unos años, les explicamos a nuestros hijos con nostalgia cuando íbamos a la Plaça de la Catedral, mientras hacemos colas kilométricas para darle la carta a unos reyes magos que han pasado a llamarse, Kalström, Gustaff y Blomquist, cargados con barras de turrón de reno y cantando alegres villancicos en un sueco impecable.

Felices fiestas a todos 😉

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Clientes fieles (pero ¿demasiado tarde?)

Una de los diferentes comentarios que recibí en mi anterior post sobre la ‘infidelidad de los clientes’ fue, que por ejemplo, en el sector de la telefonía es imposible encontrar un buen servicio. En la mayoría de los casos, el cliente debe intentar salir de la relación con cualquier operador lo menos malparado posible. Es decir, resignación absoluta ante una situación lamentable, más si tenemos en cuenta que tenemos uno de los peores servicios de Europa, solo en términos de velocidad, y de los más caros.

Como consumidores tenemos, en principio, la posibilidad de elegir como queremos ser atendidos. Digo en principio por que si por lo que sea, un modelo de ‘servicio mínimo’ se acaba imponiendo (como el de la telefonía) como consecuencia de una mayor demanda estaremos ante una situación donde la única elección posible será entre compañías con el mismo nivel de (mal) servicio.

Si miramos todos los mercados en general parece que gran parte de la sociedad de consumo está optando por este ‘servicio mínimo’ donde el criterio principal es el de coste. La atención profesional y personalizada está cada vez menos valorada y el cliente, en el mejor de los casos, busca la información por otros canales y una vez tomada la decisión acude a comprar allá donde el coste es el más bajo.

Si finalmente este consumidor ‘servicio mínimo’ acaba triunfando, podremos encontrar más sectores dónde quien quiera ofrecer un servicio de calidad no encuentre demanda y, o bien se vea expulsado u obligado a adaptarse. Y este es precisamente el gran problema porque una parte de esta masa de consumidores ‘servicio mínimo’ lo hace por convencimiento, pero otros lo hacen llevados por la inercia de ‘modas de consumo’ y campañas de marketing muy agresivas y persuasivas. Cuando los consumidores de este segundo grupo quieran darse cuenta de su error y volver a un servicio más profesional puede darse la paradoja que ya no exista oferta  Por que no nos engañemos, que hay más fácil que ofrecer un servicio mínimo y de mal calidad. Hacer las cosas mal es fácil, lo difícil es hacerlo bien.

Así pues no vale echar la culpa siempre a los demás y acusar únicamente a las compañías o empresas de un mal servicio sino que gran parte de la responsabilidad también es nuestra, de los consumidores y clientes. Ya que con nuestras decisiones habremos provocado a la empresas a adaptarse a nuestras exigencias. Y tal vez cuando queramos reaccionar sea demasiado tarde para un mercado donde la oferta se ha acomodado y nosotros como consumidores seremos un poco menos libres porque habremos perdido la capacidad de decidir entre uno u otro servicio.

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