La tiranía de los incompetentes

Los que conducimos habitualmente no podemos disfrutar del viaje al tener que estar permanentemente pendientes del tráfico. Por lo que ir en taxi es un descanso que me permite  hacer de “guiri” y disfrutar de mi ciudad. Barcelona ofrece auténticos tesoros en cada esquina. O al menos, así era hasta hace poco. Porqué en los últimos vehículos que me he subido una enorme pegatina tapaba toda posibilidad de disfrutar de una agradable vista.

Esta ofrece información de las tarifas, barcelona_taxi_prices_2014nada nuevo, pero además incorpora un código QR para descargarse una aplicación que calcula rutas, trayectos y precios. Todo muy bonito y muy cool si no fuera porque los taxistas están obligados, bajo amenaza de multa, a engancharlo en medio del vidrio tapando así toda la vista. Evidentemente es imposible no fijarse, de hecho no puede verse nada más.

El motivo de dicho engendro es una “innovadora” campaña del Institut Metropolità del Taxi (organismo autónomo dedicado a la administración y gestión del servicio del taxi en el area metropolitana). El IMT quiere dar una imagen moderna y transparente de este servicio urbano. Moderna, por ir asociada a una app; transparente, porque explica las tarifas. Desgraciadamente de transparente no tiene nada ya que desde que te subes a un taxi no ves nada más que la dichosa pegatina.

De nuevo queda patente que quien ha barruntado esta idea lo ha hecho sin tener en cuenta al usuario del taxi. El cliente habitual ya conoce las rutas. Nadie a quien haya preguntado se ha descargado esta app. ¿Para qué? Me han contestado. Los turistas a menos que sean contorsionistas o tengan estrabismo apreciarían una transparencia más “real”. Y así poder disfrutar de un agradable viaje por Barcelona y no llevarse como recuerdo que para ir a Hospitalet la bajada de bandera son 2,10€.

Demasiados proyectos fracasan silla-vaciapor la miopía de sus ideólogos. Gente que impone su criterio sin considerar las preferencias de quienes han de disfrutar de las supuestas ventajas. A estos teóricos les sugeriría que hicieran como Jeff Bezos quien, según cuenta la leyenda urbana, deja siempre una silla vacía en sus reuniones de trabajo simbolizando al cliente para no olvidarlo nunca en la toma de decisiones.

 

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