O reímos o lloramos

Seguramente a muchos de vosotros urlos sonará a chino si os digo que se está cometiendo una injusticia con Mel Greig y Michael Christian. Estas dos personas son las culpables según la opinión pública general de la muerte de Jacintha Saldanha. Todos ellos son los protagonistas de la tristemente famosa broma que hizo una emisora de radio para conseguir hablar con la duquesa de Cambridge mientras estaba en el hospital.

La tragedia se inició con una llamada retransmitida en directo. “Hola, ¿puedo hablar con Kate, mi nieta?” Esta frase bastó para pasar la llamada desde centralita a planta, donde una enfermera explicó que “en este momento está durmiendo, ha tenido una noche sin problemas; le han dado algunos líquidos y en estos momentos está estable”. La enfermera siguió sin sospechar nada cuando los locutores rizaron el rizo e hicieron aparecer a sus “malditos” perros que estaban ladrando o al príncipe Carlos.

Al día siguiente la broma estaba en boca de todos. Pero en lugar de las voces airadas que ahora claman contra los locutores, solo se oían risas. Mucha gente se hizo eco de la noticia y el choteo era unánime. Y en medio de esta animada algarabía saltó la noticia, la enfermera se había suicidado. A partir de ahí lo que antes se consideraba divertidísimo pasó a ser una abominación.

La doble moral hizo su aparición y de pronto la broma ya no era fruto de unos locutores simpáticos sino de una mente abyecta. La gente empezó a exigir el despido de los arrepentidos presentadores o en su defecto la retirada de los anunciantes de la emisora. Una amenaza a la que también se ha sumado muchos imponiendo su propia justicia y, según la ley del Talión, reclamando la cabeza de los locutores.

A mí en cambio lo que me parece más perverso es el radical cambio de opinión de la gente. La muerte de esta pobre mujer no cambia nada de la naturaleza de las bromas radiofónicas. Y lo que no puede ser es que los radioyentes que siempre han aplaudido la bromas de Gomaespuma, “Anda ya” o “el matí i la mare que els va parir”… ahora estén maldiciendo a los australianos por las imprevisibles consecuencias de una broma (como se hacen miles cada día en todo el mundo).

Por suerte este absurdo debate acabará pronto. La experiencia de la muerte de Diana de Gales así lo demuestra. Entonces miles de voces exigieron un cambio en la prensa amarilla a grito de “papaparazzi asesino”. Hoy, olvidadas sus pasajeras reivindicaciones, siguen consumiendo  una prensa amarilla absolutamente abominable aupando a la telebasura a los primeros puestos de las parrillas televisivas mientras devoran las fotos robadas de Cuore sin ningún tipo de remordimiento.

Si algún día vuelve a ocurrir una desgracia de este tipo, no deberíamos caer en la tentación fácil de acusar a un único protagonista. Sino ser capaces de asumir también nuestras responsabilidades como radioyentes, telespectadores o lectores que alimentamos según qué tipo de programas.

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2 respuestas a O reímos o lloramos

  1. Xavier Vallvé dijo:

    Gran reflexión. Tenemos que cambiar, la población no nos podemos alimentar del sufrimiento ageno.

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