Navidades en IKEA

La semana pasada tuve la gran suerte de poder pasar un agradable día de fiesta encerrado en IKEA. Para (el marciano) que desconoce que es IKEA, le podría explicar que es un lugar de un universo paralelo dónde familias enteras se desplazan a un almacén situado en el extrarradio de una gran ciudad a comprar cualquier mueble y/o utensilio susceptible de encontrar en un hogar.

Este día que yo fui, las hordas de clientes que circulaban como almas en pena entre multitud de muebles de repente revivían como despertando de un trance al llegar a un expositor (descomunal) donde se vendían poinsettias a 2 €. La gente las cogía de dos en dos sin pensar. Daba igual para quien fuera la planta, la cuestión era comprar el máximo posible antes que se acabaran ya que … ¡¡solo valen 2 euros!!

Si llegados a este punto alguien no sabe que es una poinsettia, le explico que es una planta con hojas de color rojo que tradicionalmente se regala a un ser querido por las fechas navideñas con la intención de desearle suerte. Mi familia la ha comprado siempre en mercados navideños, junto con el abeto, adornos navideños y figuras de pesebre.

A mí me encanta pasear cada año por las ferias de Santa Llúcia en las diferentes ciudades para imbuirme del espíritu navideño. Pero los feriantes no viven de nuestras sonrisas (especialmente al ver que sus poinsettias son más caras que las que hemos comprado en IKEA minutos antes). Como todo el mundo, esperan que lo que han pagado para poder poner un puesto revierta en unas ventas que hagan que sea rentable volver el año que viene. Pero, en cambio, lo que ven es gente que en vez de comprarles un “caganer” para el pesebre, solo ‘pasean un rato’ eso sí, con las bolsas llenas de baratijas de un chino.

Mucho me temo que o bien empezamos a cambiar nuestra mentalidad low cost (de la que ya he hablado en otros post) o las tradiciones quedarán como meros recuerdos del pasado. Si seguimos comprando los productos navideños en IKEA (o similares) que a nadie le extrañe, si de aquí unos años, les explicamos a nuestros hijos con nostalgia cuando íbamos a la Plaça de la Catedral, mientras hacemos colas kilométricas para darle la carta a unos reyes magos que han pasado a llamarse, Kalström, Gustaff y Blomquist, cargados con barras de turrón de reno y cantando alegres villancicos en un sueco impecable.

Felices fiestas a todos 😉

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2 respuestas a Navidades en IKEA

  1. Pingback: A vueltas con el ‘Low Cost’ | Roman Mestre's Blog

  2. pasqual dijo:

    Querido amigo,
    De tu artículo no deduzco dónde compraste tu magnífica planta de hojas rojas. Supongo que en el IKEA, no. Pese a ello, no cambiarás la historia. No es un problema de low cost únicamernte. Es un cuestión de extensión horizontal de las necesidades, lo que algunos llamarían necesidades superficiales. Tu escribes un blog. No sé cuántos teléfonos tendrás, en un país que tiene más de 50 millones de teléfonos móviles. No sé el número de televisores y ordenadores que habrá en casa. Y no sé dónde habrás “descansado” durante el larguísimo puente de diciembre. Esa es la realidad y por eso se compran plantan a 2 euros.
    Yo, ligeramente mayor que tu, escucho, ahora ya poco porque lo repite mucho, a mi padre (1916) cuando cuenta que la guerra civil enseñó (sobre todo a quiénes la perdieron) que se podía vivir de otra manera. Aprendió de la nada sin tener nada. Hoy, a sus 96 años, lleva sus cuentas por internet y le encanta retocar fotografías. Pero cuando le digo que me grabe fotos en un CD me cuenta que los cd’s son caros y que dónde los compro. Porque entiende las cosas pro su utilidad. Y si tiene sobrante, me cuenta que ayude a Cáritas, que hay mucha gente que no come, como después de la guerra. Nuestro problema querido Román no es IKEA, somos nosotros. Nos negamos el derecho a ser felices de otra manera, nos negamos el derecho a no consumir tal como mandan los cánones, nos negamos el derecho a la singularidad y a aceptar qué realmente no necesitamos lo que compramos.
    Cuando IKEA nos invita a entrar en su mundo no nos damos cuenta de que estamos abandonando nuestro mundo, si es que hemos llegado a construir uno. Vivimos en el mundo de los demás. Por eso no les podemos exigir felicidad, sino cosas.
    Yo a ti, como tu has dicho, te deseo felicidad, pero vívela, no la compres.

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