Historias del PDD XXIV

Se acerca el final del PDD y con él el último post de esta serie. Después de 8 meses se empieza notar el cansancio. Han sido muchas sesiones, muchos más casos y todavía muchas más horas. Este fin de semana será el último con casos para trabajar en casa, ya que el último día queda reservado para las conferencias finales y la entrega de diplomas.

Pese a la fatiga acumulada y a las lógicas ganas de llegar al final, estos días son como aquellas tardes lluviosas de finales de verano donde te invade una sensación melancólica por que se acaba el descanso y toca volver a trabajar. En este caso lo curioso es que la tristeza es por “dejar de trabajar”. Dejaremos de trasnochar y de rechazar a quedar con nuestros amigos y familiares; podremos volver a dedicar tiempo a hobbies; iremos desahogados y aún así, cuando el viernes volvía por las rondas me invadía esa sensación de tristeza.

Aunque el trabajo es duro, también es cierto que las relaciones personales que se crean en este programa son muy fuertes y eso ayuda mucho. He visto compañeros que tras pasar media semana viajando por Europa deciden venir a clase a media tarde justo aterrizar el avión en vez de irse a casa a por su merecido descanso. A uno de ellos le pregunté porque había venido si solo llegaba a una o dos clases y me comentó que aunque solo fuera por pasar a ver a sus compañeros valía la pena. En otro caso se dio la circunstancia de una compañera que vino casi expresamente a última hora para poder votar al presidente de la promoción porque era de su grupo. Esta relación tan estrecha te ayuda a seguir adelante. De la misma forma que tus compañeros saben si has tenido una semana dura y te van animando, tú haces lo mismo con ellos.

El mail y las redes sociales ayudan muchísimo. No hubiera sido lo mismo sino tuviéramos un espacio virtual dónde los diversos grupos íbamos contando los avances de los casos (siempre en privado ;-)) o dónde simplemente pedíamos ayuda cuando nos encontrábamos desbordados. No sé como lo hacían los estudiantes de las promociones de hace unos años pero os puedo asegurar que para nosotros LinkedIn se ha convertido en un aliado indispensable.

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En fin que entre aliviado y apenado ha pasado otra semana volando. Ahora solo queda una última semana de trabajo. A partir de aquí descansar un poco, disfrutar de la familia y intentar encaminar al benjamín para que siga los pasos de su padre. De momento que por publicidad subliminal no sea 😉

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