Historias del PDD XV. Pablo Maella

Como comenté en el anterior post, la semana pasada se despidió el profesor Pablo Maella quien nos ha obsequiado con 9 sesiones de Dirección de personas en las organizaciones. Tenía ante sí un difícil reto: tomar el testigo del profesor Carlos Sánchez-Runde que nos tenía totalmente encandilados por su forma de dirigir las clases.

A diferencia de la primera parte dónde se estudiaba el comportamiento de las personas dentro de las organizaciones, en esta segunda parte nos hemos centrado más en el estudio y análisis del impacto que tienen las políticas de recursos humanos en las organizaciones. Hemos tratado casos de negociación colectiva, de políticas retributivas, de promoción, evaluación,… Políticas que por acción u omisión afectan directamente a la cuenta de resultados de una empresa ya que estas decisiones incidirán en el comportamiento de las personas dentro de la organización.

Una idea estuvo presente en todas las sesiones: en los casos (y por extensión en la vida real) no hay ni buenos ni malos, sino personas más o menos adecuadas a los puestos de trabajo. Me gustó esta idea de traspasar al directivo parte de la responsabilidad en el encaje de una persona en una empresa ya sea por la selección, su motivación, evaluación o reconocimiento. También es cierto que desgraciadamente creo que existen personas que por mucho que busquemos siempre estarán “poco” adaptadas a un puesto de trabajo.

También me gustaría destacar la forma en la que Pablo Maella decidió despedirse. En vez de acabar con una conferencia, como otros profesores, el escogió un caso. No quiero desvelar ningún misterio sobre el caso así que solo contaré que este problema afecta a dos personas y a su futuro en la organización: una empresa modelo, con una estrategia muy clara, con una política de RRHH perfectamente definida y alineada con dicha estrategia, con participación en todos los niveles de dirección para su aplicación, pero con un problema. Y ésta es precisamente la gracia ya que con este caso enlazamos de nuevo con el principio del modulo por que por mucho que tengamos el mejor sistema del mundo al final lo que hay son personas y aunque suene a discurso políticamente correcto no hemos de olvidar que en el fondo las empresas son personas.

Pablo Maella se ganó un gran aplauso, probablemente el más largo de todos los habidos hasta hoy, y estoy seguro que esta forma de acabar junto con el excelente trabajo todos estos días influyó en la forma de devolverle nuestro cariño con esa respetuosa y larga despedida.

Si no volvemos a vernos que disfrutéis de unas buenas vaciones.

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